Ella huía de sí misma.
Ella quería perderse y no encontrarse más con Ella.
Ella se hacía las maletas y se enviaba lejos. Ella rompía listines telefónicos, quemaba fotos, borraba mensajes, deshacía esquemas, callaba más y pensaba menos.
Rompía con todo porque no quería ser aquello: Aquella Ella.
-¿Preparados? ¿Listos? -preguntaba Ella y salía al extarior mostrando siempre la misma máscara.
Ella cada día sorteaba con menos gracia los listones que le iba poniendo la vida.
Despacio avanzaba y caía sola Ella, para volver a levantarse con menos fuerzas y menos ganas de avanzar.
Algunos listos pasaban de Ella. Otros no sabían quién era Ella. Algunos otros no sabían quiénes eran ellos mismos como para pararse a pensar en Ella,
a pensar con Ella,
a pensar por Ella,
a cuidarla a Ella.
Ella quería ser simple, sencilla, normal, corriente, natural...
Simplemente Ella.
Sencillamente Ella.
Una Ella normal y corriente,
como era natural en Ella.
Ella no quería ser más aquella Ella,
no otra que no fuera Ella,
ni más ni menos que Ella misma.
Ella.
Me encontré con él,
con el monstruo ojeroso de nívea piel,
sus pupilas reflejaban el miedo de su ser
y mis párpados se cerraron no queriendo entender,
que cuando los abriera estaría allí otra vez,
que mi reflejo era el que no quería ver
y mi conciencia alcanzó a comprender
aquello que fingí un día no saber
que el espejo mostraba lo que no quise creer,
que el alma se me rompió cuando con ella jugué.
Y así es la vida.
Sin felicidad desde que rechazaste la comida.
Sin alegrías desde que viste al monstruo del espejo.
Sin verdades desde que ocultaste la tuya con mentiras.
Sin ilusiones desde que le temes a tu reflejo.
Sin ambiciones desde que tu alimento vomitas.
Sin sonrisas desde que elegiste estar sola un momento.
Sin cambios desde que a los demás evitas.
Sin sorpresas desde que no notas el paso del tiempo.
Y así es tu vida.
Con una mentira se secó las lágrimas
y con otra fingió una sonrisa.
y de este modo engañó al mundo
consiguiendo ocultar su agonía.
Sacó al exterior la careta de felicidad
para tapar la profundidad de la herida
y aunque nadie se daba cuenta de la verdad,
ella siempre la escondía.
Para cuando quiso gritar fuerte,
una mano en la boca siempre se lo impedía.
Y ella continuó falsamente riendo,
ocultando a los demás lo amarga que era su vida.